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Todos tienen el mismo modelo. No todos tienen la misma ventaja.

Foto del escritor: Felipe Afanador Cortés
Felipe Afanador Cortés
hace 7 días
4 min de lectura

Dos conclusiones clave


1. La IA es un commodity; la capacidad de decidir con IA no lo es. El modelo que usa su equipo es el mismo que usa su competencia. La diferencia está en los datos, los procesos y el criterio que usted construye encima.


2. La ventaja está en ampliar lo pensable y luego elegir mejor. La IA le permite explorar mil caminos donde antes veía tres. Pero sin un sistema para filtrar, desafiar y decidir, más opciones solo producen más ruido.


Piense en su última sesión de planeación estratégica. Semanas de preparación, dos días de debate, un facilitador. ¿Con cuántas opciones realmente distintas salió el equipo? ¿Tres? ¿Cuatro? El profesor Felipe Csaszar, de Michigan Ross, plantea en la edición de septiembre–octubre 2026 de Harvard Business Review (https://hbr.org/2026/09/ai-is-revolutionizing-strategic-decision-making?language=es) una pregunta incómoda:


¿eran las únicas opciones buenas, o eran las únicas que su equipo alcanzó a pensar?


La respuesta honesta casi siempre es la segunda. La estrategia siempre ha estado limitada por la mente humana, que tiene atención, memoria y tiempo finitos. Por eso nuestras herramientas favoritas son tan simples. Un FODA tiene cuatro cuadrantes y una matriz tiene dos ejes porque tenían que caber en un tablero, no porque el mercado sea tan sencillo.


La IA empuja esos límites hacia afuera.


Según Csaszar, lo hace de tres maneras.


Primero, amplía la búsqueda: en lugar de un puñado de alternativas, se pueden generar y filtrar cientos.


Segundo, mejora la representación del entorno: cambia un mapa estático por un modelo vivo. MYbank, el banco digital de Ant Group, pasó de evaluar créditos con unas pocas variables a usar más de 3.000, y así pudo ver a millones de pequeñas empresas que el modelo tradicional consideraba invisibles.


Tercero, sintetizar las opiniones de las personas que participan en la decisión. ¿cómo combina su organización los conocimientos y el criterio de varias personas para tomar una decisión? El autor habla que las organizaciones pueden ahora orquestar lo que podría denominarse «deliberación sintética»: procesos impulsados por la IA que someten las ideas a pruebas de resistencia sin las fricciones sociales propias de la dinámica de grupo.




Aquí viene la tentación.


Si la IA hace todo eso, basta con darle licencia a todo el mundo, ¿no?


No. Y la razón es la misma que en 1995. Cuando internet se volvió accesible, todas las empresas tuvieron página web. Las que construyeron ventajas duraderas no ganaron por estar en internet, sino por reconstruir su negocio encima de él. Las que lo trataron como un servicio más vieron cómo su oferta se volvía igual a la de todos.


Con la IA ocurre lo mismo. Si todos sus empleados usan el mismo modelo, con los mismos prompts genéricos y sin conexión a sus decisiones críticas, usted no crea una ventaja. Solo sube el piso de la industria, y su competencia sube con usted.


¿Dónde está entonces la ventaja? En AFCO lo resumimos en una multiplicación:


Estrategia × Contexto × IA × Ejecución.


Es una multiplicación porque si un factor vale cero, el resultado vale cero. Sin estrategia, la IA no genera impacto. Sin contexto, responde lo mismo que le respondería a cualquiera. Sin ejecución, se queda en piloto.


Csaszar llega a una conclusión muy cercana y la aterriza en tres fuentes de ventaja:


  • Sus datos. Un modelo genérico conectado a su historia de clientes, transacciones y aprendizajes se vuelve algo que su competidor no puede comprar.

  • Sus procesos. La IA integrada a un flujo de trabajo propio, con su lógica y su criterio, es difícil de ver desde afuera y más difícil de copiar.

  • Su velocidad de aprendizaje. Mejores decisiones generan mejores datos, y mejores datos generan mejores decisiones. La ventaja no está en llegar primero a la frontera, sino en volver a llegar cada vez que se mueve.


Por eso la unidad de transformación no es la herramienta: es el flujo de trabajo o el workflow. Y el activo más difícil de copiar es el contexto acumulado de su empresa.


Queda un último punto, quizás el más importante. Ampliar lo que su organización puede imaginar es una gran noticia, pero también es un riesgo. La IA puede producir análisis convincentes que están equivocados. Mil opciones sin criterio no son estrategia; son ruido bien redactado. Csaszar lo sintetiza así: "AI expands the search; humans choose". El rol del estratega no desaparece. Pasa de analista a arquitecto: alguien que formula bien la pregunta, diseña el proceso para responderla y sabe en qué momento la máquina debe ceder el paso al juicio humano.


Qué hacer el lunes: escoja una decisión recurrente que le duela a su organización (una asignación de presupuesto, la priorización de clientes, la entrada a un mercado). Rediséñela con IA en tres pasos: amplíe las opciones, desafíelas con agentes críticos y decida con su equipo. Mida el resultado. Esa es su primera ventaja propia.


La pregunta ya no es si su equipo tiene acceso a la IA. Todos lo tendrán.


La pregunta es si su empresa está construyendo una forma de decidir que nadie más puede replicar.


Cuando la IA se encarga del trabajo analítico básico, el tiempo del equipo directivo queda libre para las preguntas que solo los humanos pueden responder: qué creemos, qué estamos dispuestos a arriesgar y qué empresa queremos ser.


En AFCO ayudamos a las empresas de América Latina a industrializar sus decisiones con IA, del piloto al P&L.


Felipe Afanador es Socio Director de AFCO Consulting & Associates y Profesor de Educación Ejecutiva en la Universidad de los Andes. Escríbale a felipe@afcoconsulting.com o visite afcoconsulting.com.

 
 
 

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