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NOSOTROS

La IA abarata las respuestas. Encarece el criterio.

AFCO no empezó como una consultora. Empezó como una red de colaboradores que Felipe Afanador Cortés fue juntando, proyecto por proyecto, para resolver problemas corporativos concretos. Funcionó así durante años: sin marca, sin oficina y sin estructura, con la única ventaja de poder armar el equipo exacto que cada problema pedía.

En 2023, en Bogotá, le pusimos nombre. AFCO viene de Afanador Cortés: no es un acrónimo corporativo, es un apellido. Y eso dice bastante sobre cómo nació la firma — de una práctica que ya existía, no de un plan de negocio.

No le pusimos nombre porque viéramos un hueco en el mercado, sino porque después de decenas de proyectos —con sus fricciones, sus aciertos y unos cuantos errores— el patrón se había vuelto imposible de ignorar.

En casi todas las organizaciones donde entramos, el diferencial no estaba donde se suponía. No estaba en la información disponible, ni en la tecnología instalada, ni en el tamaño del presupuesto. Estaba en el criterio de quienes decidían: qué pregunta se hacían, qué descartaban, cuándo se atrevían. Dos empresas con los mismos datos tomaban decisiones de calidad radicalmente distinta. Esa fue la observación que convirtió una red de colaboradores en una firma con tesis propia.​

AFCO se construyó en el medio, y deliberadamente pequeña. No vendemos software y no implementamos, así que nuestra recomendación no tiene una agenda comercial detrás. Y no entregamos un informe para irnos, porque la mitad de la casa viene del aula: sabemos que una idea sólo se instala cuando el equipo la construye, no cuando se la explican.​ Criterio propio es la parte que importa. No trabajamos para que dependas de nosotros: trabajamos para que tu organización sepa hacerse la pregunta correcta la próxima vez, sin llamarnos. Si dejamos de aportar, lo decimos y terminamos. La dependencia no es un modelo de negocio.​

Si creemos que el criterio es la ventaja, no podíamos organizarnos como una pirámide donde el criterio baja de arriba. Somos pequeños por decisión, no por etapa: es lo que permite que quien te vendió el proyecto sea quien está en la sala.

La firma nació en Bogotá, pero no opera desde una sede. Nuestros socios viven en Bogotá, Ciudad de México, Lima y Quito, y el equipo de cada proyecto se arma con quien tenga el criterio que ese problema necesita, no con quien quede más cerca de la oficina.​ No es una decisión de costos. Es la misma coherencia: un socio en Lima lee un mercado distinto que uno en Ciudad de México, y esa diferencia de contexto es justamente lo que hace que la recomendación no sea la que daría cualquiera. Un criterio que se forma en cuatro mercados a la vez es más difícil de replicar que uno que se forma en una sola sala.

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