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Toda empresa debería hablar de su teoría con un experto.

Felipe Afanador Cortés, MBA

Consultor Principal, AFCO Consulting & Associates · felipe@afcoconsulting.com



2 Conclusiones


  1. Las empresas operan con una teoría implícita sobre cómo compiten y ganan, pero rara vez la articulan, la cuestionan o la ponen a prueba con alguien externo. Esa falta de examen es, en sí misma, un riesgo estratégico.


  2. Un estratega externo no llega con respuestas: llega con las preguntas que nadie dentro se atreve a hacer. El valor no está en el diagnóstico ni en el deck, sino en la conversación que obliga a la empresa a confrontar sus supuestos.




Así como ir al psicólogo no significa estar roto, cuestionar tu estrategia no significa que esté fallando.


Hay una idea que ya casi nadie discute: todo el mundo debería ir al psicólogo al menos una vez en la vida. No porque esté mal, sino porque hay cosas que solo se ven con ayuda de alguien que no está adentro de tu cabeza.


Con las empresas pasa exactamente lo mismo.


La teoría que nadie examina


Toda empresa opera con una teoría. No un plan estratégico de 80 páginas, sino algo más profundo: un conjunto de supuestos sobre por qué los clientes les compran, qué los hace diferentes, y cómo van a ganar en el futuro.


El problema es que esa teoría casi nunca se dice en voz alta. Vive en la cabeza del fundador, en la cultura del equipo directivo, en "lo que siempre hemos hecho". Y como nadie la cuestiona, se convierte en un punto ciego.


Roger Martin, uno de los pensadores más influyentes en estrategia, lo dice con claridad: la estrategia es una teoría sobre cómo una empresa va a generar valor. Y como toda teoría, necesita ser articulada, testeada y —cuando el contexto cambia— revisada.


Pero ¿cuántas empresas medianas en América Latina se sientan a examinar su teoría? Muy pocas. Y no porque no les importe, sino porque están ocupadas ejecutando. El día a día se come a la reflexión. O en otras palabras, la facturación mata la reflexión.


Por qué no lo hacemos (y por qué eso es peligroso)


Las razones son conocidas y muy humanas:


  1. Sesgo de confirmación. El equipo directivo busca datos que validen lo que ya cree. Las métricas que contradicen la teoría se explican como excepciones o ruido del mercado.

  2. Inercia organizacional. "Nos ha funcionado hasta ahora" es la frase más peligrosa en estrategia. El éxito pasado se convierte en el argumento para no cambiar, justo cuando cambiar es más urgente.

  3. Ego y jerarquía. En muchas empresas latinoamericanas, cuestionar la estrategia del CEO equivale a cuestionar al CEO. Y eso no se hace. Al menos, no desde adentro.

  4. Falta de lenguaje. Muchos equipos no tienen un marco para hablar de estrategia con profundidad. Confunden estrategia con presupuesto, o con metas de ventas, o con el plan operativo del año. Sin un lenguaje compartido, la conversación estratégica nunca ocurre.


Lo que pasa cuando alguien de afuera hace las preguntas incómodas


Un buen estratega externo no llega a decirte qué hacer. Llega a preguntarte por qué crees lo que crees.


  • ¿Por qué estás seguro de que ese es tu cliente ideal?

  • ¿Qué evidencia tienes de que tu ventaja competitiva sigue siendo relevante?

  • ¿Qué pasaría si tu principal supuesto sobre el mercado estuviera equivocado?


Estas preguntas no son cómodas. Pero son exactamente las que un equipo necesita escuchar. No porque el estratega sepa más que el CEO sobre su industria —casi nunca lo sabe—, sino porque tiene la distancia necesaria para ver lo que desde adentro es invisible.


Es lo mismo que pasa en terapia: el psicólogo no conoce tu vida mejor que tú. Pero te ayuda a ver patrones que tú solo no puedes ver porque estás demasiado cerca.


Cómo se ve esa conversación en la práctica


No es un taller de dos días con post-its. No es un diagnóstico de 200 slides. Es una conversación estructurada, con marcos que obligan al equipo a:


  • Articular su teoría. Ponerla en palabras, escribirla, hacerla explícita. Muchos equipos descubren en este paso que no están de acuerdo entre ellos sobre cuál es su teoría.

  • Identificar los supuestos críticos. ¿Cuáles son las creencias sobre el mercado, el cliente y la competencia en las que descansa toda la estrategia? ¿Cuáles de esas creencias son más frágiles?

  • Diseñar pruebas. ¿Cómo sabrías si tu teoría está dejando de funcionar? ¿Qué señales tempranas deberías estar monitoreando? ¿Cuáles ya están ahí y no las estás viendo?


Esto no requiere meses de consultoría ni presupuestos de seis cifras. Requiere voluntad de parar, pensar y hablar con honestidad sobre lo que la empresa realmente cree.


La invitación


Si tu empresa lleva años sin cuestionar su teoría estratégica, no estás siendo estable. Estás siendo vulnerable.


Así como ir al psicólogo no es un signo de debilidad sino de madurez emocional, hablar de tu estrategia con un experto externo no es un signo de inseguridad sino de madurez directiva.


La pregunta no es si tu empresa tiene una teoría. La tiene. La pregunta es si alguien la ha examinado últimamente.




 
 
 

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